17/02/2026
Crónica de una masacre en Flores: una familia quemada viva y las amenazas del asesino a Matías Bagnato, el único sobreviviente
Fuente: telam
La madrugada del 17 de febrero de 1994 quemó la casa de Flores. Mató a cinco personas. Solo se salvó uno de los hijos de los Bagnato, que en ese momento tenía 16 años
>La madrugada del 17 de febrero de 1994, alrededor de las 3:30 horas, en el barrio porteño de Flores, un crimen brutal sacudió a la Argentina. La vivienda familiar de la calle Baldomero Fernández Moreno al 1900, donde vivía la familia Bagnato, se transformó en una trampa mortal. El hecho fue conocido como la Esa noche, José Bagnato (42), su esposa Alicia Noemí Plaza (40), sus hijos Fernando (14) y Alejandro (9) y un amigo de éste último, Nicolás Borda (11), murieron a causa de un incendio que se propagó de manera devastadora. El fuego no fue accidental: la Justicia determinó que el domicilio fue rociado con combustible y prendido fuego de forma intencional.
La familia era conocida en el barrio como trabajadora y tranquila. José había tenido una fábrica de zapatillas que atravesaba dificultades económicas en los años previos, en un contexto de apertura de importaciones y crisis industrial que golpeó con fuerza a muchos pequeños empresarios en los años noventa.El incendio fue tan violento que los peritos describieron un fenómeno de “flashover”: una combustión súbita generalizada que convierte un ambiente cerrado en una cámara de fuego en cuestión de segundos. Las víctimas murieron por asfixia y quemaduras. Algunas fueron halladas en posiciones que indicaban que intentaron escapar.
La escena revivida posteriormente por el propio Matías, incluía el ruido ensordecedor de las llamas y la lucha por respirar mientras buscaba una salida. Las paredes ardían, las voces de sus seres queridos ya no respondían y el único camino de escape fue saltar a la calle desde una altura peligrosa. Un detalle que aún hoy estremece: la casa tenía rejas en ventanas y puerta, una medida de seguridad que durante años los protegió contra la inseguridad, y esa noche resultó funcional para el plan del asesino.
La investigación pronto identificó al autor del crimen: Fructuoso Álvarez González, un hombre que había sido socio comercial de José Bagnato en una fábrica de zapatillas y con quien tenía un litigio por una deuda millonaria, unos 180.000 dólares que reclamaba.Según las pericias judiciales y los testimonios de vecinos, Álvarez González no solo actuó con furia ese 17 de febrero: antes del crimen había estado llamando repetidamente a la casa de los Bagnato, con voz distorsionada anunciando la desgracia. Repetía frases siniestras como: “Uhhh se quemaron todos. Están todos muertos.”En algunos casos, el propio Matías atendió el teléfono. La voz parecía disfrutar del terror que generaba. Lo que más impactó a los investigadores fue que, luego del incendio, mientras los cuerpos aún estaban siendo retirados, hubo nuevas llamadas en las que el agresor repetía: “¿Viste que cumplí?”. Esa mezcla de amenaza, premeditación y necesidad de hacer saber que era él resultó clave en la investigación.
Cuatro días después de la masacre, el 21 de febrero de 1994, Álvarez González fue detenido por la policía. En su poder se encontraron elementos que lo vinculaban con el combustible utilizado. También surgieron testimonios que lo ubicaban cerca de la escena del crimen.
Un año más tarde, en noviembre de 1995, un Tribunal Oral en lo Criminal lo condenó a prisión perpetua por el delito de homicidio agravado por la muerte de cinco personas. Durante el juicio no mostró arrepentimiento. Esa actitud sería recordada años más tarde por Matías como una de las cosas que más lo perturbaban.Pese a todo, en 2004 fue trasladado a España bajo el marco de tratados internacionales que permiten a ciudadanos extranjeros cumplir sentencia en su país de origen. Allí ocurrió uno de los capítulos más polémicos del caso: el sistema penal español aplicó su propio régimen de cómputo de penas. La condena fue reinterpretada bajo la legislación local y en 2008 Álvarez González recuperó la libertad. Para Matías semejante noticia significó revivir el incendio, más aún porque el homicida nunca demostró indicios de rehabilitación.